Feminidad Bíblica

Me hubiera gustado saber antes de casarme…

Que fui llamada para ser su ayuda.

 

Génesis 2:18: “Y el Señor Dios dijo: No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda idónea.”

 

Allí en el Edén, el lugar perfecto y bueno ante los ojos de Dios, se encontraba el hombre rodeado de toda criatura acompañados cada especie a su pareja. Él, estando solo, el Señor tuvo la gracia de brindarle a una mujer, cuya misión es la de ser la ayuda idónea para aquel hombre con el que ella está unida. Si la misión de la mujer en el paraíso fue la de ser la compañera fiel, recibiendo protección y cuidado del hombre, entonces aún sigue hoy esta misión en vigor. Dicha misión debe de escudriñarse y conocerla por medio de las Escrituras, no hay otro en el mundo que pueda describir mejor la misión de la mujer cómo lo presenta su creador. Dicho llamado no ha sido cambiado por el pecado y su caída; podrá secarse la hierba y las flores caer; más bien Su palabra permanece y no es mutable (Isaías 40:8).

Pensamos que como nuestras mentes son cambiantes y pensamos en ciclos sucesivos, nuestro Dios actuaría igual. Consultamos sobre nuestro rol con moralistas falibles. Más bien, recurramos al creador para conocer Su diseño.

La mujer de donde ella fue sacada indica la posición que la mujer debe ocupar; 

“No fue tomada de la cabeza, para mostrar que no tenía que gobernar sobre él; ni tampoco de su pie, para enseñarnos que no tenía que ser inferior y/o esclava, ni de su mano, para mostrar que no tenía que ser su instrumento; sino de su costado, para mostrar que tenía que ser su compañera” (William Macdonald). 

El hombre debe de encontrar en ella con quién él está mano a mano y corazón a corazón. Ella ha de ser su continua compañera, a quien él puede brindar sus secretos, adquirir consuelo, cuyas palabras para él son como panal de miel (Prov. 16:24-26). Será su compañía cuando él regresa a casa con su cansancio de trabajo y busca en quien recostar su cuerpo. Ella es la ayuda que le trae bien y no mal todos los días de su vida (Prov. 31:12). 

Su misión es de consolarlo y alegrarlo cuando el esté herido, desanimado y cargado. Nuestra misión es sanar sus heridas cuando su espíritu está afligido. Ella fue creada para el hombre y no sólo para la sociedad, sino para un hombre, entonces la fácil consecuencia es que el hogar sea el escenario indicado para la acción e influencia de su misión. 

No debemos sentirnos inferiores por Dios haber escogido en Su divino plan que nosotras fuéramos ayuda (ezer). En las Escrituras, lo describen al Señor como el ezer (ayudador) de los desfavorecidos: “Porque él librará al necesitado cuando clame, también al afligido y al que no tiene quien le auxilie” (Salmo 72:13); “A ti se acoge el desvalido; tú has sido amparo del huérfano” (Salmo 10:14b). 

Deberíamos llenarnos de gozo el conocer que esta característica de Dios mismo fue puesta cómo la misión de la mujer desde la creación. La misma mujer que por medio de ella entró el pecado al mundo, fue por medio de su simiente que vino el redimido. ¡Aleluya!

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